Cataluña es una región impresionante, con una gran diversidad de paisajes. Cuanto más viajas, más te cuesta decidir lo que prefieres; mar, montaña, tierras altas, pueblos con encanto o grandes ciudades.
Así que después de leer un poco acerca de algunos lugares para visitar, mis amigos y yo decidimos iniciar un viaje por carretera en torno a esta hermosa región de España. En primer lugar decidimos alquilar un coche, algo obligatorio si quieres ver las joyas ocultas de Cataluña.
Como solo disponíamos de tres días y la idea general era conducir a lo largo de la costa y luego hacia el norte, llegar a Girona y seguir hacia el noroeste hasta la frontera francesa. En el camino de vuelta quisimos ver el interior de la región para terminar de nuevo en Barcelona. Lo cumplimos en un 99%.
Para salir de Barcelona hacia la Costa Brava se puede elegir varios caminos, pero yo recomiendo la N-II, quizás no es el camino más corto o más rápido, pero es la ruta más bonita. En muchas ocasiones está carretera va paralela a la orilla del mar y te ofrece unas vistas espectaculares.
La primera parada que hicimos fue en Tossa de Mar, no os podéis perder el paseo por colina para ver la vista panorámica de la ciudad. Allí, también podéis encontrar los restos de las fortificaciones de la ciudad vieja, las ruinas de la iglesia y el faro. La parte antigua de la ciudad tiene muchas calles estrechas, restos de murallas antiguas y también mucha oferta de restaurantes.
Después de un paseo, volvimos a nuestro coche y de nuevo a la carretera otra vez. El segundo lugar que visitamos fue Calella de Palafrugell, se trata de una pequeña ciudad conocida por su marisco, así que aprovechamos para almorzar allí. Encontramos un buen restaurante y probamos su pescado y marisco. Si no tienes un presupuesto ajustado y no te importa pagar un precio un poco elevado para una comida, se puede comer literalmente en la playa mirando las olas y escuchando la música de los artistas de la calle. ¿Quién necesita más?
Después del almuerzo se puede dar un paseo a lo largo de la playa hasta el próximo pueblo, Llafranc. Es una manera muy agradable para relajarse después de comer.
Este es el final de la primera parte de nuestro viaje! Si deseas obtener más consejos acerca de qué visitar en Catalunya, lee nuestro próximo post!
Un agradecimiento especial a Mateusz que ha tenido la amabilidad de escribir este post de su viaje para vosotros! Y os invita a echar un vistazo a su galería de fotos para que encontréis inspiración para vuestros próximos viajes.













Un elemento básico para cualquier viajero es 
Reducir el tamaño es la parte fácil, pero la ropa es algo imprescindible que no podemos hacer más pequeño. Lo que sí podemos hacer es doblarla bien porque la ropa arrugada ocupa más. Conviene utilizar como referencia el alto y ancho de la maleta para piezas grandes y las pequeñas para rellenar los huecos. Si llevas zapatos o bambas, mete los calcetines dentro; mete la ropa interior lo último y repártela por los extremos para conseguir que la maleta tome forma; o aprovecha los compartimentos, sobre todo en maletas que no sean flexibles. El aire pesa.
Leer una novela es, como en cualquier otro lugar, una fantástica forma de escapar fuera de las paredes avión. Los aeropuertos tienen librerías con amplios surtidos de libros donde elegir. Incluso las secciones de revistas son internacionales y se pueden encontrar lecturas para todos los gustos e idiomas.
El modo en que percibimos el trabajo, con poca simpatía, está el origen de lo que conocemos como síndrome postvacacional, según los psicólogos especialistas en el tema, que valoran si puede considerarse como “enfermedad” y cómo combatir sus síntomas.











