Si te gusta viajar, es inevitable, tendrás que volar en un momento u otro. Para algunos, volar en avión es una fuente de intensa emoción, mientras que para otros solo una simple necesidad. Pero existe un 25% para quienes volar es una fuente de estrés, o incluso una fobia! Por superstición o por comodidad, los pasajeros tienen su asiento preferido.
El diario español La Vanguardia se interesa especialmente en este fenómeno en su artículo titulado: El Mejor asiento del Avión. Este análisis de Skyscanner realizado en base al comportamiento de casi mil millones de personas revela que el asiento favorito de los viajeros es el 6A, por razones de comodidad más que por razones de seguridad. Claro, si estás cerca de la puerta, consigues bajar más rápido del avión. Los pasajeros también comentan que prefieren sentarse en las primeras 6 filas para de esta forma ser el primero en poder disfrutar y elegir la comida.
Si lo que te preocupa es un posible accidente de avión, entonces mejor elegir un asiento cerca del ala, sentirás menos turbulencias.
Pasillo o ventana?
La respuesta es, inequívocamente, los pasajeros prefieren admirar la vista en un 60% frente al 40% que quieren sentarse cerca del pasillo, sobretodo las personas que frecuentemente necesitan ir al baño.
Según el mismo estudio parece que el asiento 31 E es el menos querido.
Cual eliges tu?



Las estrategias para convertir en deseables algunos destinos turísticos son similares: hacer que parezca desierto pero cuando vas no pueden encontrar un lugar donde sentarte, aprovechar la perspectiva o jugar con espejos para que pequeño parezca enorme, fotografiar las mejores habitaciones, modificar el color de la imagen para que todo se vea brillante y vivo aunque luego sea algo más deprimente…
La monografía que ha publicado la Fundació IBIT, “Guía metodológica para la gestión de la visibilidad y reputación online de un destino turístico”, utiliza el caso práctico del destino turístico Calvià (Mallorca) para constatar que hay diferentes tipos de información turística:
Para los que el submarismo no es suficente, llega el turismo oceánico. Algunas muestras ya había pero cuando entra en escena Richard Branson, el multimillonario dueño de Virgin, todo parece más posible.
La solución pasa por alojarse en hoteles flotantes (floatels o boatels). Esta forma de turismo elimina el desplazamiento del barco, es decir, no va a ninguna parte sino que se queda amarrado en puerto o río.









