Para los que el submarismo no es suficente, llega el turismo oceánico. Algunas muestras ya había pero cuando entra en escena Richard Branson, el multimillonario dueño de Virgin, todo parece más posible.
La inversión privada es esencial en este tipo de viajes que no tienen un objetivo militar o político como puede ser la carrera espacial. El reto de Virgin Oceanic Expeditions es llegar donde nadie llega desde hace medio siglo, el abismo Challenger.
En las islas Marianas, esa fosa de 60 kilómetros de ancho espera a casi 11.000 metros de profundidad a que alguien confíe en que su submarino podrá soportar una presión mil veces superior a la normal. El Deep Flight Challenger (DFC) lo probará el año próximo para pero ya están planeando cómo abaratar coste y poder convertir las inmersiones en algo comercial.
El DFC probará con otras expediciones a menos profundidad para seguir aprendiendo de lo que hay bajo el mar y ponerlo al alcance de los que pueden permitirse el lujo de este tipo de viajes.
Más información en “El País”: Turistas a miles de metros bajo el mar.
Imagen: Virgin Oceanic.










